febrero 22, 2018

Argentina

A Argentina lo conocí mediante el sórdido mundo de las citas por aplicaciones en redes sociales.
Recuerdo perfecto cuando presioné la X la primera vez que apareció. A mí me gustan morenos, qué le vamos a hacer. Bueno, apareció una segunda vez y entonces, presioné el botón verde.

Me las di de guía turista online y un par de días después nos juntamos en un bar. Mucha conversación, historias de viajes, proyectos y todos los etcéteras que hacen que la noche se alargue y amerite el cambio al segundo bar. Música, más cerveza, más conversación, risa, las tomadas de mano y el beso atrevido. Un shawarma al paso por la Anibal Pinto y “Muchas gracias por la noche, lo pasé bien. Adiós”.

Argentina venía de paso, se supone que no lo vería más, en un par de días se iría del Puerto. En ese tiempo yo no quería conocer gente que se quedara, no estaba segura de querer segundas citas, yo sólo quería conversar una cerveza en un bar, pero se quedó un par de días más, como todos a quién atrapa este Puerto. Un fin de semana, un almuerzo, una tarde de paseo por los cerros porteños, esa gigante luna llena en Sagitario y otro beso que no podía desperdiciar ese instante, esa postal mágica otoñal. Y se quedó otros días, ahora por la Capital, un museo, Violeta Parra, un “Gracias a la Vida”, un concierto latinoamericano, la cervecería alemana del Forestal, un beso de despedida, otro día, la fiesta con los amigos, unos días más, el fin de semana en el sur, los bosques del Huerquehue, la subida a un volcán, el cráter del Villarrica, la despedida.

Mucho más de una cerveza conversada una tarde en el Puerto.

Y pasan las semanas, las conversaciones, los proyectos, la casa que se vende en el Puerto, el regreso, el reencuentro, el seudo romance, el otro viaje al sur, las montañas, la nieve, los días de ski, el quiebre inesperado y no conversado del romance, el “yo sabía que no debí tener tercera cita”, el “qué importa, fue lindo, agradezco y continúo”.

Todo se vuelve inesperado una vez más, la amistad crece, lo confuso va y viene, la amistad sigue creciendo, nos cuidamos, nos apoyamos, comenzamos lentamente a hacernos familia en este Puerto donde somos allegados solitarios. Conversamos, nos desconfundimos, nos amistamos, nos cuidamos más, nos apoyamos más, compartimos el día a día, los almuerzos, las compras, el trabajo, las escapadas al cine, las lecturas en la playa, los museos, las montañas, las familias, los etcéteras, y en consecuencia, los privilegios de esas amistades íntimas, muy íntimas. Crecen las confianzas, crecen los cariños, yo comienzo a sentir la expresión de amor sin jamás sentirme enamorada, algo muy nuevo para mí pero las cosas se mantienen ahí, compartimos la vida entera, en todas sus formas, pero no el amor.

Sé que si no me quedo quieta por una razón, que aquí no existe, inevitablemente partiré, lo tomo con calma, agradezco tanto todo, agradezco al universo que ya no quedara nada oxidado en mi alma. A pesar de todo, me he fortalecido, me he liberado. Comienza un nuevo año, agradezco, agradecemos uno al otro, con el corazón, con un abrazo, con un beso más. Agradezco y lo dejo ir en su primera noche de loco Año Nuevo porteño. Me tomaré el camino hacia otros rumbos con calma, con tiempo, paso a paso, sin apuro.

El espumante de fin de año, el espumante de nuevo año, la música, más música. La cosa rara y reticente que se siente dejar ir, bailo, bailo y ¿Quién es éste con quien bailo? Bailo, bailo, más espumante, la música, qué bien se siente bailar, qué bien baila este que está al frente. La música, el espumante, ¡Qué bien baila!, la música, la cumbia, la salsa, los ojos, la piel morena, las manos que se toman, los ojos, la piel morena, los ojos, el beso, la cumbia, la salsa, la piel morena, la conversación no recordada por tanto espumante, el beso, el otro beso, el otro… ¿Y quién es este moreno?.

Argentina, vuelve Argentina, me despido del moreno, nos vamos, volvemos, me despido del moreno otra vez. Argentina, lo vi deambular en su noche loca, no lo vi mucho más. A ratos me perdí en la música y en los brazos en movimiento de esa piel morena. Argentina. Ahí supe que ya había comenzado a irme semanas antes, sino hubiese sido así, jamás habría visto a este moreno aunque estuviese frente a mí… y estaba frente a mí.

Paso a paso, fue un gran paso. Argentina. Continuamos acercándonos un paso y distanciando dos, reacomodándonos. Él se comenzó a ir por nuevos rumbos, tuvimos que conversar, pudimos reacomodar, pudimos acordar terminar con una de las muchas facetas que tenemos entre los dos. Una menos hoy. La amistad sigue, en su nueva forma. Aprendemos los nuevos límites, aún nos cuidamos, nos apoyamos, nos queremos como seres que hemos crecido juntos ya casi dos años, nos tenemos paciencia en la incomodidad de reacomodo.

Gracias… gracias… gracias… por lo bueno vivido, que sin duda me ha fortalecido, por lo no tan bueno, que me ha fortalecido el doble. Gracias, gracias, gracias porque aunque aún hay incomodidad en algunos ámbitos, sé que lo resolveremos juntos una vez más, como siempre, porque cada uno quiere, tan sólo, que el otro sea feliz.

junio 14, 2017

De libros y sombreros.

Las librerías siempre son parte de mis favoritos para comprar un regalo aunque si es para un niño que no le agrada leer, es un verdadero desafío.

Estación Central fue mi barrio de niña, luego mi barrio universitario y ahora que he dejado de ser capitalina, es el paso cómodo para nosotros, los viajeros interregionales, ya que tenemos de todo a unos pasos de la estación de trenes o de los terminales de buses.

Voy con el tiempo en contra una vez más. Hoy llueve. Paso rápidamente a una, dos, tres librerías. Compro el regalo que necesitaba y parto de regreso al Puerto. En el camino caigo en cuenta de una nueva pérdida ¡Mi sombrero! ¡Lo perdí! Era mi sombrero para días de lluvia, mi propio recuerdo traído desde Praga. ¡Ay Praga! La bella Praga. ¡Cómo adoro ese sombrero!

Pasan los días, semanas y me repito que en algún momento recuperaré mi sombrero checo.

Estoy otra vez en la ciudad. Uno de esos pocos días citadinos en que tengo un par de horas libres. Vuelvo a la pequeña librería de Estación Central. Entro decidida por mi sobrero y mis movimientos repentinos desconcentran la lectura del tipo que atiende el lugar y que, en ese momento, entretenía su tarde leyendo sobre el mostrador. Por mi parte, ver que no era el señor mayor que me atendió la última vez, también me descolocó y por unos segundos olvidé qué hacía ahí.

Entonces comenzó el ritual de sonrisas estúpidas y frases inconclusas.

- Ehhh,... Hola...
- Hola.... ¿En qué te puedo ayudar?
- Ehhh... Yo... Vine hace unas semanas. Y...bueno... ¡Tú no estabas!.. bueno... perdí... mi sombrero... aquí. Me atendió un caballero...¡Mayor!
- Si...ja... Ok... ¿Y lo perdiste aquí? ¿Estás segura?? Porque yo no he visto un sombrero. Ehhh, espera, deja buscar ...
- Ok
- No lo veo. ¿Estás segura fue aquí?
- Mm sí... No. Igual pudo ser en la librería del lado.

Sonreímos en silencio sin saber cómo continuar.

- Ok, gracias. Sólo pasé porque tenía que intentar recuperarlo.
- ¡Espera!... Mira, hagamos una cosa. Vuelve en un rato y yo le pregunto al dueño si él lo guardó. Él llega pronto y ahí te cuento.
- No puedo. Vivo en Valparaíso y ahora me voy pero no te preocupes. Está bien
- Entonces ¿te parece mejor que me dejes tu teléfono, cuando llegue le pregunto y luego te llamo para decirte si está acá?
- Claro... anota. Mi nombre es Alejandra.

Y así sin más, siendo la enemiga n°1 de dar el número de teléfono a desconocidos, lo solté sin titubeos entre sonrisas de ida y regreso.

Y resultó que el sombrero estaba en la librería vecina por lo que, corriendo e hiperventilada, pasé de regreso a avisar que había encontrado mi prenda perdida.
- ¡Te dije que no estaba aquí! ... ¡Oye!... pero... ¡¿Cómo?!! ¿Entonces ya no te llamó??!!
- Ehhh, no. Creo que... no. Ya lo encontré.

Han pasado más semanas desde entonces.
La sobrina necesita un libro para sus clases ¿Y por qué no?
- Hola
- Ehh hola... ¡Tú has venido antes!
- Ah... Si.  Perdí mi sombrero aquí ... pero no fue aquí sino que al lado.
- Sí ¿Cómo está Valpo?  Me acordé de tí apenas te ví...tú eres de Valpo...
- Vengo buscando un libro. Éste...
- Sí lo tengo. Vuelvo al tiro... Espera... Cuida mi té...
- En realidad creo que me lo tomaré...

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abril 08, 2017

Por la chita...

Sin querer llegué hoy a este baúl guardado. Seis años guardados. Hoy leí y recordé lo que ya ni recordaba. Quise viajar a abrazarme en el tiempo; sin embargo, desde esta lejana perspectiva puedo ver que todo, hoy me ha traído hasta aquí, hasta este punto donde ya no hay deudas ni ese dolor. A este punto donde los cariños se transformaron, donde el dolor se transformó. A este punto de libertad. 

Finalmente, y felizmente, todo me ha traído hasta aquí así como sé que hoy cada momento me lleva a un nuevo lugar, a una nueva forma de vivir. Hoy tengo los brazos abiertos otra vez: Esta vez, gracias a mí misma.

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2011
Sostuve una relación penca. Re-penca... de pocos.

La sostuve tanto tiempo, tan absurdamente...

En mis términos nunca terminé, ni en mi cabeza ni en mi corazón, y los reencuentros, los "te amo", los "quiero estar contigo", los "estoy seguro", los "confía en mí", justificaron el seguir una y otra vez...

Es amarga la sensación de traición, de no tener las bases para confiar. No tener las bases para soltar el cuerpo, la mente y el alma. Es mezquina la sensación de contención, de no poder abrir los brazos, de dar y recibir... y vivir sin tener que evaluar y pensar y observar...
De simplemente no poder respirar... y reír... y vivir!

Y me encuentro contigo... y voy abriendo lentamente las ideas dormidas, el alma, el cuerpo.
Y me encuentro contigo... y te conozco de a pocos y, en la tranquilidad, comienzo a reunir con pocos, mis "más"

Y cuando al fin logro llegar a mi punto inicial, cuando al fin logro mirar mi "atrás", convivir con él y dejarlo en la línea de tiempo que le corresponde. Cuando al fin me logro liberar, cuando al fin logro llegar a mi equilibrio donde los pasos siguientes sólo son "más", el olor a la traición se vuelve a colar entre dos. El olor a desconfianza se vuelve a impregnar en el ambiente, tan conocido ya que no me cabe duda. Los brazos abiertos, vuelven a caer rígidos a mis costados. La vista se queda fija, intentando encontrar un "¿Por qué?"...

Traición... traición... "¿Por qué?"... "¿Por qué te cuelas en mis "más"...?

La vista fija y perdida mirando tu pecho, mis brazos inertes a mis costados, la respiración casi imperceptible.

Tus besos, tus abrazos, tus "no te he engañado"... y yo apenas siento que estoy ahí..."¿Por qué?... ¿Por qué?... Silencio el ruido a mi alrededor, silencio sus palabras, silencio mi cabeza. Sigo inerte y busco la respuesta en mi alma, en esa intuición que el tiempo me ha enseñado que es lo más verídico que tengo. Calmo todo lo que sucede y con tranquilidad busco la respuesta en mí, donde sé que está. 

No, no me he equivocado, hasta el aire a mi alrededor se siente inestable, una energía extra está girando entre nosotros. Me abrazas, me besas, me hablas y en mi silencio, y en mi ausencia, logro percibir la alteración en todo lo que expeles, en todo lo que sale de tí, en tu propia energía turbada.

Ahhh "¿Por qué?...¿Por qué me tienes aquí? ¿Para que me retienes? ¿Para que decides quedarte conmigo?"...

Dejo de confiar. Siento tanta rabia porque me obligas a dejar de confiar...

Las preguntas están en mi cabeza... y mi boca sigue sin decir palabra... mi mirada sigue incrustada en tu pecho, mis brazos aún en los costados...

¿Que hacer?...

Sigues negando, continúas insistiendo en que estemos juntos, sostienes que me he equivocado y yo sólo repondo: "No te creo, pero esperemos. Si tengo razón, lo sabré, si tú la tienes, también lo sabré..."

No estoy para "pocos", nos estoy para dudas, no estoy para fantasmas. Exijo libertad para amar. Atravesé mi propia alma para liberar mi autocondena,  no quiero vivir ahora con una condena ajena. No quiero convivir con el olor a duda ni mucho menos a traición.

Quiero vivir, quiero vivir sin pensar, quiero abrir mi brazos sin temer. Quiero confiar.
Y aquí me encuentro... esperando ver de qué estás hecho...

¿Habrán luces y colores por acá...?